martes, 30 de noviembre de 2010

¡QUE LA FUERZA TE ACOMPAÑE... SIEMPRE!

Fallece Irvin Kershner, director de 'El Imperio Contraataca'


Desde hoy la fuerza es un poco menos intensa. Irvin Kershner, el director de 'El Imperio Contraataca' -la que para muchos es la mejor entrega de 'La Guerra de las Galaxias'- ha fallecido en Los Angeles a los 87 años. Fue su ahijada Adriana Santini, la que confirmó a los medios el fallecimiento del director tras una larga enfermedad.

Kershner nació el 29 de abril de 1923 en Philadelfia (Pensilvania) y entre trabajos de televisión y cine, acumula más de una veintena de títulos como director. Pero sin duda alguna su trabajo más destacado y el que más fama le reportó fue 'El imperio contraataca', el episodio V de la saga de 'La Guerra de las Galaxias' y segunda entrega de la franquicia.


A partir de esta película, considerada por muchos como la más notable de la saga galáctica, Kershner dirigió otros títulos más o menos conocidos entre los que destacan 'Nunca digas nunca jamás', cinta de James Bond protagonizada por Sean Connery en la que aparecía una joven Kim Basinger y la secuela de la popular 'Robocop', estrenada en 1990.

Ésta fue su última película como director en la gran pantalla, aunque tres años después volvió a ponerse tras las cámaras para dirgir un capítulo de la serie de televisión 'SeaQuest: los vigilantes del fondo del mar', emitida por la cadena NBC.


lunes, 29 de noviembre de 2010

Muere Leslie Nielsen, estrella del humor absurdo

El actor, que ha fallecido a causa de una neumonía, fue el protagonista de 'Aterriza como puedas' y la trilogía de 'Agárralo como puedas'

Muchos recordarán al fallecido Leslie Nielsen por su aparición en las películas de Agárralo como puedas. El que fue protagonista de aquellas disparatados largometrajes ha muerto a los 84 años a causa de una neumonía, en el hospital de Lauderfale, Florida, cerca de su casa. El actor deja dos hijos de su segundo matrimonio, Maura y Thea Nielsen. Estuvo casado cuatro veces.

Nielsen había parecido en más de un centenar de películas y muchos programas de televisión. Él fue el encargado de dar vida al agente Frank Drevin , un tipo duro que resolvía sus casos entre gags visuales y disparatados, a cada cual más absurdo. El humor de todo tipo calaba en las tramas de Agárralo como puedas , una adaptación al cine de la serie de televisión en la que la voz en off o la típica mujer fatal convivían con golpes, juegos de palabras e incluso parodias de personajes como la reina de Inglaterra o el Papa. La primera película, cuyo título original era Nacked gun, se estrenó en 1988, y tomo su nombre en español de Aterriza como puedas (bautizada en su versión original, en 1980, como Airplane! , en la que también participaba el actor). No sería la última vez que la coletilla del nombre se utilizaba para bautizar una de sus comedias, tuvieran que ver o no con Frank Drevin. Un ejemplo: Acampa como puedas.

Su gesticulante forma de afrontar las situaciones más desquiciadas le convirtió en la cara reconocible de las comedias alocadas, que siempre trataron de contar con él. Así, apareció en Scary Movie 4 como presidente de los EE UU o ¡Vaya un fugitivo!. Otro papel característico fue Mr. Magoo (1997). El público español tuvo una oportunidad especial de reírse con él en Spanish Movie. No se tradujo el título esta vez; la coletilla de la siguiente generación había cambiado. El trailer de la película enfrentaba al cómico con el mismísimo Chiquito de la Calzada.

Más convencionales fueron sus participaciones en series de televisión, como Se ha escrito un crimen o Las Chicas de Oro. Pero al empezar el siglo XXi era un personaje tan reconocible que fue galardonado con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood en el año 2002. También probó suerte como productor en incluso se atrevió a escribir lo que acabaría convertido en un largometraje con tintes autobiográficos, The nacked truth. Como no, se trataba de una comedia.



domingo, 28 de noviembre de 2010


Campaña contra Apple por admitir una aplicación que combate el matrimonio homosexual

- Un grupo de internautas recuerda que la compañía apoyó económicamente la defensa de las bodas gay en California

La aprobación por parte de Apple de una aplicación para el iPhone que propone la recogida de firmas contra el matrimonio homosexual y el derecho al aborto ha provocado la reacción de grupos de internautas que exigen a la compañía que sea retirada. La citada aplicación propone a sus usuarios suscribir la Declaración de Manhattan, de noviembre de 2009. En la presentación de la citada aplicación se explica que los cristianos, que desean vivir su fe, trabajan duramente para defender las instituciones de la sociedad civil, empezando por la familia. La aplicación presenta el texto de la declaración, permite firmarla, seguir actividades que se celebran con este motivo y colgar información y fotos de los actos a los que acuda el internauta.


En la propia página de la aplicación ya hay reacciones de internautas que clasifican de basura la oferta y piden la retirada de la misma. Un grupo, Change.org, ha organizado una recogida de firmas para exigir a Apple la retirada de la aplicación. En el citado sitio se recuerda que la empresa de Steve Jobs donó en 2008 cien mil dólares para apoyar la campaña que se oponía a la prohibición de matrimonios homosexuales en California.
Apple ha sido criticada en anteriores ocasiones por aceptar aplicaciones muy marcadas ideológicamente. Este año, por ejemplo, se retiró una que recogía los discursos del líder fascista italiano Mussolini.


La mencionada declaración fue lanzada hace un año por un grupo cristiano fundamentalista norteamericano en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y en defensa de la familia tradicional y la religión. Ahora, la aplicación para iPhone contiene una encuesta con preguntas sobre el derecho de los gays a contraer matrimonio. Si el usuario responde que está de acuerdo con estas uniones, el software le dice que su respuesta es incorrecta.
Grupos de LGTB ven en este texto literalmente una declaración para su exterminio, comparando homosexualidad con incesto, y que también ataca la libertad ante temas como el aborto, al tener un criterio diferente sobre lo que es la vida.
La posibilidad de encontrar una aplicación semejante en la App Store ha sido recibida con indignación por muchos internautas, que han pedido su eliminación. En los comentarios de la presentación del software, usuarios la califican de «absoluta basura», «ofensiva» y «radical».
Apple ha sido criticada muchas veces por sus aplicaciones, aunque, generalmente, por censura previa. Una campaña, organizada por el grupo Change.org, se ha puesto en marcha para exigir a Apple que retire la aplicación.


La aplicación se denomina Manhattan Declaration y está destinada para iPhone, iPod Touch y iPad.La aplicación pretende ser una "llamada a la conciencia cristiana".La compañía desechó en el pasado varias aplicaciones porque tenían contenidos sexuales explícitos o porque se burlaban de los políticos. Hasta el momento, Apple no ha tomado acción alguna.Manhattan Declaration "habla en defensa de la santidad de la vida, el matrimonio tradicional y la libertad religiosa".La aplicación ofrece además participar de encuestas con preguntas como "¿apoyas las relaciones entre personas del mismo sexo?" o "¿apoyas el derecho a escoger el aborto?".Si la respuesta es positiva, la aplicación dice que eso es incorrecto.Varios usuarios tildaron de "basura" y "homofóbica" a la aplicación en la tienda online de Apple.

jueves, 25 de noviembre de 2010

"La Iglesia tiene miedo a afrontar su homosexualidad"

- EL PAÍS entrevista a David Berger, Teólogo católico
- "Vi tantos teólogos conservadores gais que pensé que podíamos coexistir"
- "Muchos viven bien así, otros sufren de soledad y algunos padecen depresión"

Hay una forma para sobrevivir como gay en las jerarquías eclesiásticas y es sencilla: frecuentar de manera anónima los ambientes homosexuales, no llamar la atención, no criticar nunca al Papa o a los obispos, aceptar los chantajes. Hay quienes viven bien así. Otros, sin embargo, terminan sintiéndose solos, y a veces la obligación de silencio lleva a la depresión. Lo cuenta David Berger, teólogo alemán ultraconservador, gay y ex profesor en la Academia Pontificia Santo Tomás de Aquino.

Berger, de 42 años, salió del armario en julio, después de la enésima insinuación de una conexión entre homosexualidad y pedofilia. Le salieron las palabras de las tripas y escribió No puedo callar más, artículo publicado en el diario alemán Frankfurter Rundschau, donde detallaba la brutalidad de la homofobia vivida a diario. Fue suspendido como profesor después de siete años en la Academia Pontificia. También dejó la dirección de la revista Theologisches, la más importante publicación del catolicismo conservador en Alemania. Ahora cuenta su experiencia en el libro La sagrada apariencia (ediciones Ullstein), publicado ayer.

"No pude callar más", explica en una entrevista con EL PAÍS. "No puedo trabajar más para instituciones que están en contra de todas aquellas libertades de las que yo hace años disfruto". Al principio, Berger pensó que su homosexualidad no sería un obstáculo para su carrera como teólogo conservador. "Me fascinaba el mundo masculino de las antiguas liturgias tridentinas. Fueron para mí la droga de iniciación. Luego entre los teólogos conservadores siempre encontré tantos homosexuales que pensé que las dos cosas podían coexistir", explica.

Berger asegura que gran parte de los clérigos que encontró son de su misma opción sexual. La estructura jerárquica estrictamente masculina, dice, lo favorece. "La mayoría de ellos busca acceso a la escena gay, para encontrar ahí sexo rápido y anónimo. Intentan no llamar la atención, por esto buscan no criticar nunca a su obispo o al Papa. Muchos viven bien así; otros sufren de soledad, algunos padecen depresiones", asegura.

La homosexualidad a menudo es utilizada como instrumento de chantaje y presión dentro de las jerarquías, según Berger. Él mismo la padeció cuando decidió firmar una petición en contra de la decisión papal de rehabilitar el obispo antisemita Williamson. "Me dijeron: ¿No sabe usted que esta lista fue firmada por homosexuales? ¿No querrá aparecer en una lista parecida? Interpreto hechos como estos como presiones".

En el libro entrevista al Papa publicado esta semana, Joseph Ratzinger asegura que la homosexualidad se presenta como una prueba que tiene que ser superada en la vida de un hombre. El Papa dice también que, aunque sea congénita, es moralmente inaceptable. Con estas declaraciones, según Berger, "la homofobia ha llegado al máximo". "No hay que dejarse desenfocar por sus declaraciones acerca del preservativo. La Iglesia, con este pontífice, se parece cada vez más a una secta". "Ningún cambio es posible", añade, hasta que la Iglesia no abandone la interpretación "estrictamente biológica de la sexualidad".

Una suma de situaciones llevó a Berger a sentirse cada vez menos a gusto, y a tener la sensación de que estaba jugando un partido en el equipo equivocado. En lugar de luchar por sus derechos y los de su pareja, de quien además no podía hablar públicamente, apoyaba a quienes los discriminaban. "Siempre alejaba estos pensamientos porque el Estado secularizado nos garantizaba espacio para vivir nuestras vidas. Pero cuando determinados círculos empezaron a hacer presión en la política para reducir nuestros derechos empecé a alejarme".

Berger asegura que ahora se siente liberado. Volverá a enseñar filosofía medieval y se comprometerá en proyectos reivindicativos de los derechos de los gais. Tiene claro que cualquier trabajo dentro de la Iglesia es imposible: "El miedo a enfrentarse con su propia homosexualidad es demasiado grande".

domingo, 21 de noviembre de 2010

Los Miserables regresa a Madrid con una versión más fresca y renovada

"Más que un musical, una leyenda". Así reza el eslogan de la adaptación teatral de la obra homónima de Víctor Hugo más aclamada de la historia. Y no le falta razón. Después de 25 años sobre los escenarios de todo el mundo, el musical más longevo de la historia continúa cautivando a los espectadores con su fuerza y pasión. Estos días, Los Miserables regresa a Madrid en primicia (es la primera ciudad donde se representa fuera del Reino Unido) con una producción renovada que no dejará a nadie indiferente.

Desde que se estrenara en 1985 en el Teatro Barbican de Londres, el espectáculo, producido por Cameron Mackintosh y dirigido por Laurence Connor y James Powell, ha sido visto por más de 56 millones de espectadores en 46 países y traducido a 21 idiomas.

"Es un privilegio presentar en Madrid esta nueva versión, más adaptada a los nuevos tiempos, más fresca y con mayor color, pero manteniendo la esencia y la emoción originales", explica Powell, quien ha destacado la pasión que los actores españoles aportan al texto de Víctor Hugo.

Los Miserables ya se pudo ver en la capital en 1992, en el Teatro Nuevo Apolo, en una versión protagonizada por los actores Pedro Ruy-Blas, Gema Castaño, Joan Crosas y Carlos Marín. Pero ahora, 18 años después, ‘el musical de musicales’ regresa a Madrid de la mano de Stage Entertainment y el Teatro Lope de Vega, con un libreto revisado, una nueva orquestación y un reparto encabezado por Gerónimo Rauch, Ignasi Vidal y Daniel Diges. Una versión diferente a la anterior, que permanecerá en escena por una única temporada improrrogable.

Este nuevo montaje recupera la faceta de Hugo como pintor, e incorpora al decorado algunos de sus cuadros. Además, se ha adaptado también el lenguaje original al castellano del siglo XXI, una tarea que ha resultado sumamente complicada. "Resultaba muy difícil traducir las palabras de Víctor Hugo al español, pero estoy contento con el resultado porque hemos conseguido respetar lo poético del texto original, e incluso potenciarlo", ha señalado Powell.

Gerónimo Rauch (Jesucristo Superstar), Ignasi Vidal (Grease), Virginia Carmona (Hoy no me puedo levantar) y el último representante de España en el Festival de Eurovisión 2010, Daniel Diges, protagonizan esta espectacular producción, que ha contado con un presupuesto cercano a los cinco millones de euros.

La historia que ha emocionado al mundo

Los Miserables es, ante todo, una historia de épica y de redención. La leyenda de un hombre que huye de la implacable ley, que no justicia, y cuyo destino a lo largo de los años le llevará a encontrarse con el amor y el coraje de unos pocos y la miseria de otros muchos.

Ambientada en la Francia post revolucionaria (el París del siglo XIX), Víctor Hugo cuenta en su novela la historia de Jean Valjean, un delincuente menor cuyo propósito vital es redimirse, así como de la persecución que sufre desde los veinte años hasta que envejece, por parte del incansable policía Jabert, cuyo reto personal es detenerle.

CRÍTICA
Un trabajo de envergadura

ROGER SALAS - Madrid - 19/11/2010 EL PAÍS.com
Nunca está de más apuntar que esta obra, que ahora cumple 25 años de éxitos, es la creación de dos franceses de buena cultura musical y escénica que ya antes habían experimentado con otro musical: La Revolución Francesa. El buen cimiento de Los Miserables empieza por su libreto, la ordenación de las escenas, que esta vez en el primer acto han sido llevadas a un ritmo frenético que perjudica la comprensión para quien no se hubiera leído antes la novela homónima; la música juega eficaz, resulta pragmática y de utilidad precisa para desarrollar el argumento río y hasta con el clarinete se permite citar a Delibes, el gran compositor francés del Segundo Imperio. La orquesta cumple y una amplificación ingrata la desluce a ratos.

Los artistas se muestran desiguales, con mejor fortuna los protagónicos masculinos que los femeninos. Si ya Gerónimo Rauch mereció todos los elogios cuando perfiló una interpretación soberbia de Mary Sunshine en Chicago, ahora se ha entregado a fondo en Jean Valjean. No hay el mismo acierto en el Marius de Guido Balzaretti ni en la Cosette de Talía del Val, con voces inapropiadas de color y registro.

Pero si de méritos y elogio se trata, deben primar lo de conjunto, tanto al coro como a lo que no se ve. Que funcione como un mecanismo de relojería una producción de esta envergadura en un teatro de tan magras proporciones, es un milagro de pericia y mecánica.

El diseño escenográfico merece un aparte, con ese detalle culterano de usar los dibujos del propio Victor Hugo para desarrollar proyecciones de fondo. Una vez Victor Hugo le confesó a Baudelaire en relación con sus hoy tan reputados dibujos: "He terminado por mezclar todo lo que tengo a mano, lápiz, carboncillo, hollín y con esas cosas extrañas más o menos consigo expresar lo que tengo en los ojos y sobre todo en la mente". También usaba los posos del café y restos de vino, lo cierto es que en este musical también está concentrado un ideario por encima de lo argumental y eso prende en cualquier público. Ya Vargas Llosa apuntó que en Los Miserables "lo que hay de documental es poco exacto y ha envejecido y lo que conserva su frescura y encanto es todo aquello que Hugo estilizó", y ese proceso de estilización y síntesis está en este resultado del musical, que es un paso enorme para el género en España.


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miércoles, 17 de noviembre de 2010


Un tertuliano de Telemadrid: "Lo bueno son las de 17 años, con el primer rasurado"

* Salvador Sostres aprovecha una pausa del programa 'Alto y Claro' para hablar de sus preferencias sexuales delante de un grupo de niños.
* "No te preocupes, son de Rabat, allí van sueltos ya", responde cuando Isabel San Sebastián le pide que se calle.
* "Hum, las jóvenes de 17 y 18 años, que aún no huelen a ácido úrico".


Un colaborador de Telemadrid, el tertuliano Salvador Sostres, aprovechó una pausa publicitaria del programa Alto y Claro para describir sus preferencias sexuales por las jóvenes. Dio la casualidad de que, además de una cámara grabando, había entre el público había un grupo de niños que habían acudido de varios colegios.

"Las chicas jóvenes, de 17 y 18 años, 19, es ahí donde está la tensión de la carne, ese punto mágico", empezó a decir y continuó, jaleado por Alfonso Ussía que corroboraba: "Es ahí, es ahí". "Dragó se pasó con lo de los 13", siguió... momento en el que la presentadora del programa, Isabel San Sebastián, le recriminó que estaba "enfermo". "Si te veo acercándote a mi hija, te mato, te mato", le dijo, a lo que Sostres contestó: "¿Cuántos años tiene?" "23", "Ah, es demasiado mayor. Estas mujeres que aún no huelen a ácido úrico... este olor a santidad, que parecen lionesas de crema, limpias, todo dulce... de primer rasurado, que no pica" y se relamía del gusto mientras Ussía reía.

Salvador Sostres: Repugnante a mas no poder.

"Las de 17, ese olor a santidad, que parecen lionesas de crema."

Isabel San Sebastián, de repente, recordó que en el plató les acompañaban un grupo de niños y pidió moderación en la mesa mientras preguntaba a los niños de dónde eran. Los pequeños gritaban que eran "de Rabat, Cataluña y Andalucía" y el comentario vuelve a encender la 'chispa' de Sostres: "¿De Cádiz y Marruecos, pero qué es esto un colegio o una ONG?". Aunque San Sebastián ignoró el comentario e intentaba hablar con los pequeños, Sostres prosiguió entre risas con sus versos sueltos: "Esta carne que rebota, joven, como un piano, qué bonito.. también me gusta el sushi, el pescado crudo..."

"Estás enfermo, has frecuentado a gente enferma", volvía a decir San Sebatián. "La enfermedad es luego, cuando tienes que tomar medicinas porque ya no se te levanta nada" y prosiguió con mas sentencias ante su audiencia infantil: "El matrimonio es el sexo por obligación". San Sebatián volvió a pedirle que se callara "que hay niños". "Son de Rabat, no te preocupes, allí van sueltos ya" y se justificó: "Ningún hombre de la mesa me ha rebatido nada, ni Chani (por Antonio Pérez Henares) ni Casado (Antonio Casado), y eso que me lo rebaten siempre todo".

En la web de la cadena pública Telemadrid, 'Alto y Claro' se describe como un "programa en el que intervienen periodistas de prestigio y especialistas que analizan la actualidad de forma rigurosa y polémica". El Comité de empresa de Telemadrid tenía previsto reunirse este miércoles para evaluar sus palabras y decidir qué medidas se pueden pedir contra él.




martes, 16 de noviembre de 2010

La grasa como cuestión de Estado

La prohibición en EE UU de regalar juguetes con la comida rápida abre un enconado debate sobre si la obesidad es una epidemia o un problema individual

¿Tiene el Gobierno el derecho a regular lo que comen los ciudadanos para luchar contra la obesidad? En Estados Unidos se ha iniciado un debate entre aquellos que opinan que el Estado debe tratar la obesidad como una epidemia, disuadiendo como pueda a los ciudadanos de consumir alimentos altamente calóricos o excesivamente grasos, y aquellos que piensan que la gordura es una opción individual y que, el sobrepeso, como dolencia, debe ser tratado exclusivamente a nivel médico, caso a caso, sin ningún tipo de intervención de la Administración pública. La decisión de la ciudad de San Francisco de prohibir que las cadenas de comida rápida regalen juguetes con menús altamente calóricos ha reiniciado la polémica, que supera el terreno nutricional y se ha convertido en un debate sociológico y político que puede acabar con el nacimiento de un negacionismo nutricional.

San Francisco le ha declarado la guerra al Happy Meal, el colorido menú de niños de la cadena McDonald's. En él, suele venir un refresco, una ración de patatas fritas y cuatro piezas de pollo o una hamburguesa pequeña, además de un postre dulce. Desde que introdujo el menú en 1979, McDonald's ha vendido 20 millones de Happy Meal en EE UU. El precio oscila allí entre dos y tres euros. Incluye también un juguete, algo muy popular entre los pequeños. Según las tablas nutricionales de la empresa que los vende, su contenido calórico roza las 600 calorías. Hay algunas opciones, como la que incluye hamburguesa con queso, que se sitúan en las 780 calorías. Los nutricionistas coinciden, normalmente, en que un niño mayor de cuatro años debe comer unas 1.200 calorías diarias.

Durante décadas, el gran atractivo de McDonald's ha sido el hecho de que sea una mezcla entre patio de juegos y restaurante al que a los niños les gusta acudir con la familia. Para los gobernantes locales de San Francisco, sin embargo, el problema sobreviene cuando las comidas de los niños en McDonald's, Burger King, Wendy's o cualquier otro establecimiento de comida rápida son un hábito, la norma en lugar de la excepción. Teniendo en mente que el 13% de los niños de EE UU son obesos, la Junta de Supervisores de la ciudad (órgano equivalente al Ayuntamiento local) ha aprobado una ordenanza según la cual no se podrán regalar juguetes con menús que ofrezcan más de 600 calorías, tengan más de un 35% de valor nutricional procedente de grasas, contengan un 10% de grasas saturadas, supongan más de 640 miligramos de sodio o no incluyan una ración de frutas o vegetales.

La medida entrará en vigor en diciembre de 2011, y aunque el alcalde de la ciudad, Gavin Newsom, anunció que la vetará, fue aprobada en el consejo local con suficientes votos (ocho contra tres) para sortear ese veto. El supervisor de San Francisco que ha propuesto la norma, Eric Mar, tiene clara la razón: "Nuestra legislación generará un cambio en esos restaurantes que ofrecen menús que no son sanos y que se dirigen a los consumidores infantiles y juveniles, para que sirvan menús mucho más saludables con incentivos añadidos como los juguetes. Así, ayudaremos a proteger la salud pública, reduciremos el gasto sanitario y fomentaremos hábitos alimenticios sanos".

Se trata de una extendida opinión entre muchos políticos de EE UU: la obesidad es una epidemia, y como tal hay que tratarla. Así lo opina la propia Casa Blanca. Es tradición en cada presidencia que la primera dama asuma una causa social en la que centrar sus esfuerzos. Nancy Reagan lo hizo con la lucha contra la drogadicción. Laura Bush fomentó la lectura. Michelle Obama combate la obesidad infantil. Dijo en un discurso en Las Vegas, el pasado junio: "Un tercio de los niños de nuestro país sufren de sobrepeso o son obesos. Son demasiados. Muchos más que cuando yo era niña. Eso implica que estos niños sufren mayor riesgo de padecer enfermedades coronarias, diabetes o cáncer. Y creo que ese es el destino que les ofrecemos a nuestros niños. No es solo una crisis sanitaria. Es una crisis económica. Nos gastamos 150.000 millones de dólares

[93.000 millones de euros] al año en tratar enfermedades relacionadas con la obesidad. No queremos ese futuro para nuestros niños o nuestro país"

En mayo, durante el debate parlamentario de la reforma sanitaria impulsada por el presidente Barack Obama, el Senado consideró una propuesta que, entre otros, ya había planteado el Gobierno de Nueva York: imponer un impuesto extra a las bebidas altamente calóricas. Muchos nutricionistas estiman que los refrescos y batidos son una fuente de calorías mucho más peligrosa que los restaurantes de comida rápida. Por ejemplo, y a pesar del debate desatado en torno a los Happy Meal, McDonald's ofrece el batido Chocolate Triple Thick que tiene 1.160 calorías, más de la mitad de las necesidades de un adulto en una jornada entera.

Ante la ofensiva gubernamental contra los excesos de la gordura, el movimiento libertario de EE UU se ha erigido en armas ideológicas. El respetado profesor de Derecho de la Universidad de Chicago Richard A. Epstein, baluarte de ese tipo de pensamiento que recela profundamente de la intervención gubernamental, se ha opuesto desde hace años a que se considere a esa dolencia como una epidemia. "Soy profundamente escéptico respecto a esos esfuerzos de luchar contra la obesidad aumentando impuestos", asegura. "Además, hay una gran cantidad de gente que consume ese tipo de refrescos sin complicación alguna y no hay razón por la que deban pagar ese impuesto".
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Publicado en EL PAÍS.com por DAVID ALANDETE 15/11/2010

domingo, 14 de noviembre de 2010


Adiós Mr. Berlanga
Fallece en Madrid uno de mas los grandes cineastas españoles de todos los tiempos.

"Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación". Si hubiera que escoger una frase que haya marcado la memoria de la España de los últimos 70 años, ahí está el arranque del discurso de Pepe Isbert en ¡Bienvenido, mister Marshall! Con la muerte esta madrugada de Luis García Berlanga (Valencia, 1921) desaparece un genio de las artes, el creador que junto a Luis Buñuel ha marcado el cine español en el siglo XX. Por desgracia, su comedia, tan pegada a la realidad española, tuvo muy poca repercusión en el mundo anglosajón.

Porque a través de la obra de Luis García Berlanga cualquier espectador aprende cómo ha sido la España del siglo XX, y más aún, de dónde vienen los actuales lodos de la del XXI. Así mismo, Berlanga se definió como ácrata, como anarquista burgués independiente, como pesimista, valenciano, tímido (de ahí que como contrapartida, y así se justificaba, no paraba de hablar), como amante y creador de paradojas... Michel Piccoli, con el que trabajó en Tamaño natural y París Tombuctú, dijo de él: "Es Don Quijote" y añadió: "Bueno,también podría ser Sancho". Berlanga ha sido muchas cosas; incluso de su obra ha nacido un adjetivo: berlanguiano. Hasta Franco tenía su propia definición sobre el cineasta. Cuando sus ministros le contaron que era un anarquista, un bolchevique o un comunista, el dictador les respondió: "Berlanga es mucho peor que eso, es un mal español"

De niño, García Berlanga era un solitario (llegó a pasar un año en Suiza por problemas de salud), hasta que la Guerra Civil le cambió la vida. "Llegó la contienda y tuve que salir de casa. En el 36 yo tenía 15 años. Y a los 13 ya sabía qué pasaba en España, porque mi padre era diputado republicano [de Unión Republicana] y mi abuelo había sido senador con Sagasta. Mi familia era una familia de políticos, y con ellos supe que la política era una cagada, como todo...". Para García Berlanga, esa guerra supuso "unas largas vacaciones", que se acabaron de repente, cuando atraparon a su padre huido en Tánger. "Condenaron a mi padre a la peña de muerte, y por eso me fui a la División Azul... en realidad, estaba enamorado de un chica y pensé que con esta muestra de valor se quedaría prendada de mí". Nunca pegó un tiro, pasó un montón de frío y allí conoció al actor Luis Ciges, un clásico en su carrera. A su padre le fue conmutada la pena no por su hijo Luis, sino porque vendieron sus posesiones... y la chica no le hizo caso. A la vuelta a España decidió estudiar Derecho y más tarde Filosofía y Letras, hasta que en 1947 cambió su vocación e ingresó en la primera promoción del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid. Empieza el Berlanga cineasta.

"Bardem y yo éramos los renovadores, pero no llegamos a inquietar al cine oficial". Juntos escribieron un primer guión, La huída, que fue prohibido por la censura, y levantaron otro proyecto, Esa pareja feliz. "Bardem y yo la preparamos como si fuéramos a construir la torre Eiffel:dibujos, alzados, a qué altura debía ir la cámara... todo debido al atracón de prepotencia que habíamos adquirido en las clase de Serrano de Osma y Antonio del Amo y con los libros de Kulechov, Eisenstein, Pudovkin y demás genios, rusos sobre todo". Berlanga recordaba que durante el rodaje midió mucho sus palabras para no chocar constantemente con Bardem. "Al menos, el filme trataba de cosas más cercanas, naturales, divertidas y distintas a las que se filmaban por aquel entonces", gracias en gran parte a su protagonista, Fernando Fernán Gómez, que encarnaba a un eléctrico del cine español. Esa pareja feliz no se estrenó hasta después de ¡Bienvenido, míster Marshall!, con lo que el encargo a Bardem y a Berlanga les llegó de una manera rebuscada (a través de militantes comunistas). "Había tres condiciones previas: que saliera Lolita Sevilla, que pasara en Andalucía y que fuera de risa". La pareja se junta con Miguel Mihura para escribir el guión, aunque en Berlanga recayó la dirección.

ienvenido, mister Marshall (1953) es el inicio del cine moderno en España y los cimientos del estilo Berlanga: humanista, ácido y triste, de finales agridulces, pegado a la vida. Villar del Río,el pueblo volcado en hacer felices a los estadounidenses, se recreó en Guadalix de la Sierra (Madrid). "Se estrenó sin mucho éxito, pero la mención especial al guión que ganamos en Cannes la convirtió en un acontecimiento". La leyenda asegura que Edward G. Robinson, miembro del jurado, se indignó con el plano dela banderita estadounidense de papel que flotaba hacia una alcantarilla, y la vetó para premios mayores. La censura no le dejó rodar uno de los sueños de los habitantes de Villar del Río, y curiosamente fue esa pieza, en forma de cortometraje, la última que dirigiría el valenciano: El sueño de la maestra, en 2002. Su carrera se abrió y cerró con la misma obra, que contenía, por supuesto, dos de sus características más populares: la constante repetición de la palabra austrohúngaro y sus planos secuencias, que ensayaba con conciencia.

En esas primeras películas -Novio a la vista (1954), Calabuch(1956), Los jueves, milagro (1957)-la tristeza final y el ambiente gris de la época eran amortiguados por la solidaridad entre los protagonistas. Tras cinco años levantando películas que nunca se harían, y mientras estalla el talento de jóvenes de Carlos Saura y triunfa en Cannes Luis Buñuel con Viridiana, Berlanga se encuentra con un guionista, Rafael Azcona, con su bisturí dialéctico, y el cine del valenciano entra en nuevos campos: incomunicación, insolidaridad, cierta crueldad y a la vez mayor humanismo. Llegan así Plácido (1961) y El verdugo (1963). La presentación de esta última, con escándalo incluido, en la Mostra de Venecia la convirtió en un filme político, algo que su director nunca había buscado, y por ello estuvo nueve años sin poder rodar hasta La boutique (1967) y ¡Vivan los novios! (1970).

Otro parón de cuatro años le lleva finalmente a Francia, a rodar Tamaño natural (1973), con Michel Piccoli enamorado de una muñeca hinchable. Es su último trabajo en el franquismo y el primero en el que, siempre acompañado de Azcona, da rienda suelta a su lado erotómano -con su especial fetichismo por los zapatos de tacón- al que dedicó alguna de sus mejores frases, estilo: "Un buen culo es más relevante que todas las ideologías". Por ese erotismo estuvo durante años detrás de la colección de novelas eróticas La sonrisa vertical, de la editorial Tusquets.Tamaño natural recibió ataques por todos lados y Berlanga vio confirmada su habitual sensación de soledad creativa.

Con la democracia llegan las películas más corales de Berlanga (que rueda mientras dirige la Filmoteca Nacional entre 1979 y 1982), como la trilogía de los Leguineche que componen La escopeta nacional (1977), Patrimonio nacional (1981), con la que obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía, y Nacional III (1982), toda una disección de las maneras imperantes en España. Traslada el éxito de esa estructura a la Guerra Civil con La vaquilla (1985), un triunfo abrumador de crítica y público gracias a un guión escrito 25 años antes, prólogo del premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1986: fue el primer cineasta en obtener el galardón, justo cuando impulsa la creación de la Academia del Cine.Dos años más tarde fue elegido académico de Bellas Artes de San Fernando.

Su lado más fallero se muestra en Moros y cristianos (1987) y en Todos a la cárcel (1993), con la que consiguió el Goya al mejor director. En los noventa debutó en el teatro, como director del sainete Tres forasteros de Madrid, en 1995 en Valencia, y también en su Valencia natal filmó la serie BlascoIbáñez, la novela de su vida. En esos años Berlanga demostró no tener pelos en la lengua:aseguró que "el cine español está robotizado por las subvenciones del Ministerio" y se opuso junto a Bardem a las ayudas que favorecían las películas de los directores debutantes. También disfrutó de todo tipo de homenajes y parabienes, como diversas celebraciones en Guadalix en conmemoración de varios aniversarios de ¡Bienvenido, míster Marshall!, antes de meterse en el rodaje de París-Tombuctú (1999), su decimoséptimo y último largometraje. En él resumió sus vicios ("El ciclismo, el Valencia, la literatura erótica..."), yen su promoción definió su estilo: "Nada debería estar sujeto al guión, los actores deberían inventar la película. Yo tengo fama de ser caótico, pero es mi forma de trabajar y lo que he perseguido siempre. Y siempre he huido de la farsa, todo lo que se ve en mis películas es real, son cosas que he vivido o me han pasado". En el último plano de París-Tombuctúpuso la frase: "Tengo miedo". Siempre con su vestir elegante, aseguraba -y era creíble o no, como todo lo que le contaba- que había dejado de ir al cine en los años noventa, "por causas que no se pueden entender, como dejar de beber vino o de besar a las chicas". La última que vio en gran pantalla fue "Torrente, de mi amamantado Santiago Segura".

El siglo XXI ha sido el del lento declinar físico del genio,acuciado por su alzhéimer. En 2002 murió de cáncer su hijo Carlos, y él poco apoco fue desapareciendo de la escena pública. En octubre de 2009 la Mostra de Valencia le rindió un homenaje donde se estrenó el documental Por la gracia de Luis, dirigido por JoséLuis García Sánchez, fundador del centro de Altos Estudios Berlanguianos, al que acompañó un libro ¡Viva Berlanga!, en el que sus amigos recordaban sus mejores momentos. Esta misma semana se ha presentado un anuncio de Médicos sin Fronteras protagonizado por Berlanga en el que llamaba la atención sobre las enfermedades olvidadas. El anuncio se ha convertido por tanto en un bello mensaje póstumo de Berlanga.

A pesar de su fallecimiento, aún queda un último berlanga, el que está confinado en la arqueta 1.034, una caja de seguridad de la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Cerrada el 27 de mayo de 2008, el contenido se desvelará el 12 de junio de 2021, cuando se cumpla el centenario del nacimiento del cineasta.
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Ramsay se lía a sartenazos
El chef echa a su suegro y le culpa de la crisis de su negocio

A sus 44 años, Gordon Ramsay encarna el epítome del chef estrella en Reino Unido, como protagonista de innumerables programas de cocina para la televisión, el prestigio atesorado con un total de 12 estrellas Michelin y un vasto imperio que aglutina una veintena de restaurantes en todo el planeta. La fama del personaje ha acabado, sin embargo, volviéndose en su contra. Una cuita pública con su suegro y socio empresarial, consecuencia de los problemas financieros que arrastra el conglomerado de Ramsay, ha acaparado titulares en los últimos días convirtiéndolo en el protagonista de un culebrón.

Tan brillante como malencarado y expeditivo, Ramsay destituyó el mes pasado al director ejecutivo de su compañía (Gordon Ramsay Holdings), Chris Hutcheson, que también es el padre de su esposa Tana y el abuelo de los cuatro hijos del matrimonio. El suegro -acusado de una gestión nefasta y de haber tomado prestados 1,5 millones de libras de la empresa- contraatacó describiendo al chef como "un ser egoísta que no tiene amigos" y denunciando que había sido objeto de un "linchamiento público". Cuando las riadas de artículos sobre aquel episodio empezaban a remitir, el propio Ramsay ha vuelto a atizar las brasas al difundir una carta dirigida a su suegra, Greta, donde le implora que restablezca los lazos familiares.

Ramsay apenas ha tocado en los últimos años las cocinas de los restaurantes que posee, más volcado como está en la expansión de Gordon Ramsay Holdings por el resto de Europa, EE UU, Asia y Australia. Pasa más tiempo en los aviones y en los estudios de televisión que ideando nuevos platos, porque más que un cocinero es hoy una marca. Y, aunque la crisis financiera ha puesto coto a su enorme ambición -se especula sobre sus números rojos-, él sigue capitaneando nuevos proyectos, como los dos restaurantes en el hotel Savoy y la City de Londres a punto de inaugurar.
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jueves, 11 de noviembre de 2010


"No, yo nunca he visto un episodio completo de Star Trek"

EL PAÍS.com publica hoy una entrevista con Jim Parsons (Emmy 2010), el actor que interpreta a Sheldon Cooper ('The Big Bang Theory'), uno de los personajes televisivos más brillantes de los últimos años.

Racional, sincero hasta bordear la mala educación, maniático, superdotado y socialmente inadaptado, el físico teórico Sheldon Cooper es uno de los personajes televisivos más brillantes de los últimos años. A su hallazgo se debe buena parte del éxito de la serie The Big Bang theory, que en España ofrecen Neox y TNT (que acaba de estrenar la cuarta temporada, se emite los viernes a las 22.15), y que protagonizan cuatro jóvenes científicos y su vecina, una camarera aspirante a actriz nada sesuda que les hace de contrapunto.

Jim Parsons, el actor de 37 años que interpreta a Sheldon (que por cierto ronda los 29 años), ganó el Emmy a mejor actor de comedia en la pasada edición, una grata sorpresa teniendo en cuenta el peso de los otros nominados: Alec Baldwin (52 años, Rockefeller Plaza), Larry David (64, El show de Larry David), Tony Shalhoub (57, Monk) y Steve Carell (48 años, The Office). Sólo Matthew Morrison, de 32 años y nominado por Glee, era más joven que Parsons.

Al teléfono desde Los Ángeles, hablar con Jim Parsons se parece bastante a hacerlo con Sheldon. Al igual que su personaje televisivo él también se expresa con precisión y pronunciando cada sílaba. Incluso la tonalidad recuerda al retintín de sabelotodo del doctor Cooper.

Pregunta. ¿Qué se siente al arrebatarle el Emmy a Alec Baldwin o Larry David?

Repuesta. Suena irreal. Es como si no hubiera pasado. Tengo el trofeo en casa, pero lo miro y es como si fuera falso.

P. Baldwin le mandó un regalo con una nota un tanto peculiar.

R. Me mandó una cesta de quesos y vinos con una notita que decía: "Eres un cabronazo encantador y lleno de talento. Enhorabuena". Me pareció un gesto divertido, muy de Alec Baldwin, pero cuando lo conté en el show de David Letterman hubo quién lo malinterpretó.

P. The Big Bang Theory ha ido ganando fans de forma gradual.

R. La escalada ha sido muy sana, y eso nos ha librado de mucha presión. Los espectadores nos han descubierto por el boca a boca, a través de amigos, conocidos, algo que sucede o no sucede.

P. ¿Diría que The Big Bang theory es como Friends pero protagonizado por freaks?

R. Diría que las dos series tienen mucho en común: ambas comedias han ido desarrollando a los protagonistas poco a poco, de manera que los espectadores los conocen bien. Y eso es gracias a los guionistas, que son súper leales a los personajes.

P. ¿Cómo es su relación personal con Sheldon?

R. Le tengo mucho cariño, pero... (largo silencio). No lo sé, es una mezcla de sentimientos... (suspiro). Me encantaría ser más específico, pero no puedo.

P. Le oigo y es como oír a Sheldon. ¿Cuánto de Jim hay en él?

R. De forma consciente, nada, pero inevitablemente hablo así y me muevo de cierta forma. Creo que se debe a que soy bastante alto, mido 1,82 metros.

P. ¿Por qué se le coge tanto cariño a un personaje tan maniático como Sheldon?

R. Porque es honesto. Al igual que los niños no le pone un filtro a sus pensamientos. Dice cosas ofensivas sin maldad ninguna y creo que el espectador se siente liberado al verle. Además es muy vulnerable, dan ganas de defenderle.

P. ¿Cree que ha ido ganando peso en la serie?

R. Todos forman parte del engranaje. Hace poco hemos rodado dos episodios sin Kaley [Cuco, la actriz que interpreta a Penny, la vecina], que se ha roto la pierna, y se ha notado su ausencia. Todos los personajes se complementan.

P. Sheldon fue un niño raro. ¿Y usted?

R. Era bastante normal, con mis excentricidades y mis altos y bajos. He pensado mucho en esto últimamente. Hubo tiempos en que me sentí solo y que se metían conmigo, pero ahora veo que es la experiencia media. Nunca me faltaron amigos. En ocasiones me sentí fuera de lugar, pero en otros estaba en mi salsa.

P. ¿A usted se le daba bien la física?

R. ¡Oh, no! (risas). Sigo sin entender nada de lo que hablamos. Pero está bien, así no me olvido de que estoy interpretando a alguien con un gran don que mi mente desde luego no comparte.

P. ¿Usted también es fan de 'Star Trek'?

R. Nunca he visto un episodio completo, ni una película. Cada vez que Sheldon hace referencias a ciertos episodios me los veo en Youtube.

P. Sheldon tiene las camisetas más bonitas del mundo.

R. Sí, y soy incapaz de comprármelas porque me siento taaan Sheldon.

P. En la cuarta temporada se echa novia.

R. No es una novia, aunque eso es lo que querrían todos los demás. Es alguien con quien no se siente raro. Es la primera vez en tres años que le pasa.

P. Con la excepción de la madre de Leonard.

R. Oh, es verdad, tienes razón, si incluso se dan un beso. Es la segunda.

P. ¿Tiene algún amigo de verdad entre el resto del casting?

R. Somos amigos hasta cierto punto. Siento que la respuesta sea tan aburrida, pero es así. Nos llevamos estupendamente porque estamos muy centrados en el trabajo. Nuestro objetivo común es hacer una buena serie.

P. Para la cuarta temporada que acabáis de estrenar os han subido muchísimo sueldo. ¿Qué se siente?

R. Es maravilloso. Llevo tantos años actuando... Sabía que siempre trabajaría como actor, aunque fuera de noche y gratis como he hecho tantas veces. El dinero es la guinda del pastel. Podría ser feliz sin ganar dinero en televisión, pero la idea de poder ahorrar y vivir de este trabajo es más que un sueño hecho realidad.
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Bush dice en sus memorias que la tortura en Guantánamo ayudó a salvar vidas y prevenir ataques

El ex presidente de EE UU publicó hace un par de días sus memorias, en las que asegura que fue "una voz disidente" ante la invasión de Irak

George W. Bush asegura en sus memorias que dejar de beber fue una de las decisiones más duras de su vida. "Nada de lo que cuento en el libro hubiera sido posible sin esa decisión anterior", escribe el ex presidente de Estados Unidos. A los 40 años y sin ser capaz de recordar el último día en que no había tomado una copa, Bush decidió que había llegado la hora de que el alcohol dejara de ser su Dios y acercarse al todopoderoso.

"Sea cual sea el veredicto sobre mi presidencia, me siento cómodo con el hecho de que yo no estaré para escucharlo"

Decision Points se abre con solo página y media de introducción y su primer capítulo se titula Quitting (abandonar algo). A partir de ahí se suceden las historias no en orden cronológico sino por temas. Irak, Afganistán, Katrina, la crisis financiera... Bush pasa por todos y cada uno de los asuntos que definieron sus ocho años en la Casa Blanca y de todos sale indemne. En una larga entrevista concedida al diario USA Today, el ex presidente admite que podía "haber hecho mejor las cosas" pero que está "en paz" y tiene "cero deseo" de intentar luchar por su reputación.

Las memorias de Bush no contienen ninguna noticia. No hay nada nuevo sobre las armas de destrucción masiva que nunca existieron y abrieron la puerta a la guerra de Irak. Tampoco es para parar máquinas el hecho de que el controvertido Dick Cheney ofreciera dejar su cargo en 2004, al fin y al cabo es una formalidad que todos los vicepresidentes cumplen casi de oficio.

"Nadie pudo sentirse más furioso que yo cuando supe que no existían las armas de destrucción masiva. Me ponía malo y todavía me pone cada vez que lo pienso", escribe el ex líder, hoy retirado en su casa de Dallas y que abandonó la presidencia con sus índices de aprobación en cifras del 20%.

Eso sí, Bush insiste en que es un tipo "sencillo y honesto" y que será la Historia la encargada de juzgarle. A lo largo de 497 eternas páginas, el 43º presidente de EEUU justifica la tortura y asegura que ayuda a salvar vidas. "El método es duro pero la CIA aseguró que no producía daños permanentes", justifica Bush en referencia al tristemente conocido waterboarding, técnica que simula el ahogamiento en el detenido.

Dicen los expertos que sólo hay dos memorias presidenciales en las que merezca la pena bucear a fondo. Personal Memoirs (1885-86), de Ulysses S. Grant, y los dos volúmenes de Harry S. Truman Year of Decisions (1955) y Years of Trial and Hope (1956). Las de Bush son genéricas y casi aburridas y en ocasiones se puede escuchar al hombre jocoso y desenfadado que llegó a la Casa Blanca en 2000 tras una decisión del Tribunal Supremo sobre un puñado de votos.

El ex presidente se encuentra ahora embarcado en un periodo de dos meses de promoción de su libro, antesala de la rehabilitación política que el Partido Republicano planea para Bush si quiere tener posibilidades en 2012. Habitualmente callado y ajeno a los focos -los expertos dijeron cuando abandonó el poder que quizá era uno de los pocos mandatarios a los que se notaba con deseo de quitarse el traje de presidente-, Bush vive estos días un revival televisivo con entrevistas en NBC o el programa de la archifamosa Oprah Winfrey.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hawking planta cara a Dios

Venimos de la nada. De un universo que lo contenía todo, y que se crea a sí mismo continuamente, sin la intervención de un Dios. Y la filosofía ha muerto. Estas son algunas de las conclusiones de Stephen Hawking en su último y polémico libro El gran diseño que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov. Aseguran que el Big-Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la física y no de ninguna mente superior.

El nuevo libro del científico británico llega ocho años después de su anterior éxito: El universo en una cáscara de nuez. El astrofísico escribe ahora que "dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos. Para eso no es necesario invocar a Dios".

El profesor de Cambridge y autor de Breve historia del tiempo socava argumentos creacionistas. Afirma que el universo no sólo tiene una historia posible. Ante las preguntas que el ser humano alguna vez se plantea, como ¿cuál es la naturaleza de la realidad? O ¿de dónde viene todo lo que nos rodea? Hawking asegura contundente que la filosofía ha muerto porque "no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento. El objetivo de este libro es proporcionar las respuestas sugeridas por los descubrimientos y los progresos teóricos recientes".

En ello juega un papel fundamental la que parece ser una teoría definitiva que acabe con el rosario de preguntas una vez que se da respuesta a una de ellas. Es la Teoría M, que "no es una teoría en el sentido habitual del término, sino toda una familia de teorías distintas, cada una de las cuales proporciona una buena descripción de las observaciones pero solo en un cierto dominio de situaciones físicas".

Según esa teoría M, nuestro universo no es único, sino que hay muchísimos universos más que no requirieron de la intervención de ningún Dios o Ser Sobrenatural. Y entra en juego las teorías de espacio-tiempo: "Cada universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en instantes posteriores, es decir, en instantes como el actual, transcurrido mucho tiempo desde su creación. La mayoría de tales estados será muy diferente del universo que observamos y resultará inadecuada para la existencia de cualquier forma de vida. Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros. Así pues, nuestra presencia selecciona de este vasto conjunto solo aquellos universos que son compatibles con nuestra existencia. Aunque somos pequeños e insignificantes a escala cósmica, ellos nos hace en un cierto sentido señores de la creación".

Hacia el final del libro Hawking y Mlodinov reconocen que las leyes de la naturaleza nos dicen cómo se comporta el universo pero no responde a las preguntas de por qué: ¿por qué hay algo en lugar de no haber nada? O ¿por qué existimos?. Y como saben que la respuesta de muchas personas puede ser un Dios que decidió crear todo, afirman que eso desviaría la pregunta a qué o quién creó a Dios. Es decir, volvemos a la pregunta eterna. Los científicos recuerdan, entonces, que nuestras respuestas obedecen o están limitadas por nuestra capacidad cerebral. "Tal como en nuestro universo, en el Juego de la vida la realidad depende del modelo que utilicemos".
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Publicado en EL PAÍS.com. el 7.11.2010


martes, 9 de noviembre de 2010

AEROPUERTO 2010

ELVIRA LINDO

DETESTO VOLAR. Vuelo porque todavía no se ha inventado la teletrasportación. Pero no pierdo la esperanza. Las antiguas series de ciencia ficción, de Star Trek a Perdidos en el espacio, predecían un futuro donde la teletransportación sería la manera habitual de desplazarse. El habitante de aquellos mundos decorados de un pop futurista se metía en una especie de habitáculo, a camino entre la ducha y la cabina telefónica, pulsaba un botón y se esfumaba. Pero el futuro ha sido menos higiénico de lo que preveían aquellas series que a los niños nos fascinaban por que sus habitantes se alimentaban de píldoras en forma de lacasitos y nunca hacía frío. Era un mundo bajo techado, con puertas que se habrían automáticamente y tripulaciones vestidas con mallas.

Pero sin duda el elemento mas deseado de aquel futuro de Mr. Spock era el transporte mediante la desintegración. Lo que cualquier viajero actual (llamado "cliente" en aras de la modernidad) desearía mientras espera la cola para someterse al control de seguridad del aeropuerto.

Yo también deseo desintegrarme mientras hago equilibrios con todo mi cargamento: en una bandeja, el ordenador; en otra, los zapatos, el cinturón, el reloj, el móvil, el bolso. Llevo una bandeja sobre otra y encima de todo, estupefacta, sentada sobre el ordenador, he colocado a Lolita, mi perra, que temerosa en medio de aquel gentío abre la boca y jadea. Es su forma de sacudirse los nervios, hiperventilar. El guarda de seguridad, que mas parece el guarda de una prisión en la que estamos ingresando que un empleado de la T4, considera que mi cargamento es el mas chistoso de esa fila de desgraciados , y me chista: "¡Eh señora, señora! ¿Al perrito lo piensa pasar también por el escáner?". Dicho esto se ríe. Mas que reírse diríamos que se monda, y mira a su alrededor buscando un publico que le ría la gracia. Pero la clientela no está para bromas y no le secunda.

Él lo intenta de nuevo: "¡Que digo que si al perro lo va a pasar por la maquina!" "No señor", le respondo, "cuando llegue el momento lo bajaré de la bandeja. Ahora no tengo manos para llevarle con la correa". Me siento ridícula respondiendo a la pregunta de un cretino que en calidad de señor uniformado se cree de pronto en el derecho de criticar la manera en que consigo cargar con los trastos y los seres vivos a mi cargo. Me llaman "cliente", pienso. Me llaman cliente porque pago y, sin embargo, me arrebatan mis derechos en cuanto traspaso la entrada del aeropuerto. ¿Acaso puedo protestar a alguien por el trato que recibo?

Puedo comprender las medidas de seguridad, aunque hasta el momento la perdida de tiempo que supone descalzar masivamente a inocentes no haya evitado que se manden paquetes bomba o que se cuelen malotes, pero lo que no entiendo es este trato abusivo que está convirtiendo volar en algo insoportable. Si a eso le sumamos el nulo confort de los vuelos, el mezquino espacio que las compañías aéreas han dejado entre los asientos y la falta de información sobre los retrasos, conseguirán que optemos por el tren siempre que podamos.

Aunque eso no me hace compartir esa obsesión por el AVE de algunos de nuestros políticos. Babosean con un elemento tan agresivo con el medio ambiente y no rentable si no hay un flujo alto de pasajeros. Tan cegados con el AVE están que no les importa que se mueran de cutrez los trenes regulares. Les quitaron la cafetería sustituyéndola por unas tristes maquinas expendedoras de ganchitos. Eso sí, señalaré un detalle entrañable que como consecuencia de este abandono viví hace unos días: en un trayecto de Cádiz a Jaén compartí vagón con varías familias que sacaron la tartera. Ay, el espacio se llenó de ese olor antiguo mezcla de viaje y tortilla. Miré con los ojos de pedir, pero como no tengo cara de hambrienta ni de aceptar un currusco, llegué a mi destino a punto de besar el suelo, no por bendecirlo como el Papa, sino por puro desfallecimiento.

Pero a América solo se viaja volando. Es lo que tiene. Se monta una en el avión, feliz y agradecida por haber superado todas las pruebas de esa gincana en la que se han convertido los aeropuertos, cierra los ojos y el relajo se convierte en sueño. Dos horas después, al despertar, esta pasajera advierte (como en un sueño de Monterroso) que el avión todavía sigue ahí, sobre la pista, y escucha al capitán informar a los clientes de que deben cambiar de nave por que hay una avería ¡y de las gordas! La sumisa clientela, con cara de derrota anticipada, vuelve a la sala de espera donde habrá de pasar otra hora hasta que al fin nos veamos en el aire.

Pero la desesperación y el aburrimiento hacen que seamos felices con cualquier golosina. ¡La cena, la cena!, me veo celebrando en voz alta. Entonces, como si se tratara del ultimo gag de una pelicula mala, observo que el carro viene disparado hacia mí, pesado, amenazante. Por fortuna tengo reflejos (si llego a estar dormida me parte la boca), pero no puedo evitar que varias bandejas salgan despedidas y las cenas se desparramen por el suelo. Vaya, se ve que a la azafata se le pasó poner el freno. Que ya, que ya sé que un fallo lo tiene cualquiera. Si yo solo lo cuento para que podamos reírnos un rato.

Publicado en EL PAÍS, el 07/11/2010

Elvira y Lolita

lunes, 8 de noviembre de 2010

El pufo de la visita del santo padre.
Los hosteleros y comerciantes se lamentan por la moto que se les vendió.
- El Pontífice apenas reúne 100.000 fieles en Barcelona
- Comerciantes y hoteleros no ven cumplidas sus expectativas de negocio.
- Fangoria y Bisbal movilizan a más gente que Ratzinger.
- La visita del Papa a Santiago tampoco cumple las expectativas de público

El Gobierno gallego ha invertido unos tres millones de euros con la convicción de que Galicia iba a convertirse hoy en el centro de la atención mundial, pero horas después, es la decepción de comerciantes, hosteleros y fieles la que inunda Santiago

6.000 policías. Horario de 24 horas para los bares. Tiendas de souvenirs abiertas desde las siete de la mañana. Santiago ha amanecido preparado para recibir al aluvión de 200.000 católicos anunciado por la Xunta y el Ayuntamiento para ver y escuchar al Papa. El Gobierno gallego ha invertido unos tres millones de euros de dinero público con la convicción de que Galicia iba a convertirse hoy en el centro de la atención mundial. Pocas horas después, es la decepción de comerciantes, hosteleros y fieles la que se traslada en masa por las calles de la capital gallega.

Desde primera hora, los accesos a la ciudad han estado semidesiertos, sólo unos 300 de los 1.200 autobuses previstos habían llegado al mediodía a los macroaparcamientos habilitados para la ocasión, según fuentes de Protección Civil. "Los únicos que me han comprado recuerdos de la visita son unos policías sevillanos y unos bomberos de Barcelona. Los peregrinos se han asustado", cuenta Óscar, encargado de la tienda Recordos A Rúa, en el centro histórico de la ciudad y a unos cuantos metros de la plaza del Obradoiro, la zona cero de los pomposos actos organizados por la comisión especial creada por la Xunta para este "acontecimiento histórico". Joseph Ratzinger estaba a punto de aterrizar, y las expectativas de negocio alimentadas desde que hace unos meses anunció su visita se han esfumado.

Diego Pérez, sacerdote del Opus Dei de la diócesis de Tui-Vigo, subraya que lo importante es lo que va a decir el jefe de la Iglesia católica. "No ha venido para que los políticos tengan un rédito electoral". Minutos después, una veintena de personas está parada en el parque de la Alameda ante una de las siete pantallas gigantes instaladas en la ciudad para atender a las masas de creyentes deseosas de no perderse el mensaje de su líder. Están rodeados de un despliegue, este sí histórico, de periodistas, policías y voluntarios de Protección Civil. Habla el Papa, tras aterrizar en el aeropuerto de Lavacolla. Consumidores cargados con bolsas pasan de largo. Cuando Ratzinger termina su discurso, sólo dos de los telespectadores de la Alameda aplauden. El ambiente helado sorprende especialmente a Milagros Sandoval, una religiosa de Lumen Dei llegada de A Coruña. "Hay mucha menos gente de la esperada. Quizás es porque se hizo propaganda de que Santiago es pequeño..." "Es una pena", apostilla, desolada, la mujer que la acompaña.

Los que esperaban que Barcelona viviera ayer algo parecido a la multitudinaria visita de Juan Pablo II en 1982 se llevaron una buena decepción, comenzando por el Arzobispado y acabando por el sector de la hostelería. La capacidad de convocatoria de Benedicto XVI no alcanzó ni de lejos las 400.000 personas que había previsto el Ayuntamiento que, junto a las otras Administraciones, invirtió 1,7 millones de euros en el evento.

El Pontífice tuvo una tibia acogida a su salida del Arzobispado y a su llegada a la Sagrada Familia, pero entre uno y otro punto circuló a toda velocidad a bordo del papamóvil por calles semivacías. Apenas 100.000 personas siguieron la visita.

Ayer por la tarde no había ni rastro del impacto económico de 30 millones de euros que la visita debía generar según el Ayuntamiento. El presidente de la Confederación de Comercio de Cataluña, Miguel Ángel Fraile, confiaba en que se note a largo plazo. "Los beneficios llegarán en dos semanas o para Navidad". Leo Chechelnitzky, encargado del bar Inter Tapa, situado junto a la Sagrada Familia, era mucho más escéptico. "Habíamos previsto mucho más movimiento: compramos 300 barras de pan para bocadillos y solo hemos vendido 150, igual que un fin de semana normal".

Gente sí había alrededor de la Sagrada Familia, pero no gastaron. Matrimonios con muchos hijos, monjas, grupos de jóvenes de movimientos católicos se agolparon alrededor del templo maravillados a partes iguales por la obra de Gaudí y por la presencia del Papa. Muchos habían venido con todo organizado, como los cerca de 400 miembros del Opus Dei que se desplazaron en siete autocares desde Valencia.


El fervor nacionalista catalán que se había desatado por la anunciada utilización del catalán por parte del Papa tampoco tuvo gran reflejo en las calles. El alcalde, bando mediante, había pedido que los vecinos adornaran el recorrido papal con senyeres. Las rojigualdas acabaron por ganar la partida, junto a las banderolas de bienvenida al Pontífice que repartían voluntarios.

Parte de los fieles que no cupieron en la Sagrada Familia siguieron la ceremonia desde la cercana plaza de toros Monumental. Antes de arrancar el acto, los asistentes vitorearon al Papa y abuchearon a los políticos de la izquierda que veían por las pantallas gigantes.




Ni quema de conventos ni asesinatos de sacerdotes

Ciertamente, no hubo ayer en Barcelona, por fortuna y como por otra parte era de esperar, ninguna quema de conventos ni ningún asesinato de sacerdotes, monjas, frailes o fieles católicos, como por desgracia sucedió en más de una ocasión en los años 30 del siglo pasado en España, en especial en las primeras semanas de la incivil guerra civil, cuando un agresivo anticlericalismo se enfrentó al también agresivo ultraclericalismo de quienes se alzaron en armas contra el legítimo Gobierno democrático de la Segunda República, bajo la bendición prácticamente unánime de la jerarquía católica española.

Las poco menos de veinticuatro horas de la estancia de Benedicto XVI en la capital catalana, dedicadas fundamentalmente a la consagración como basílica menor del templo gaudiniano de la Sagrada Familia, se saldaron con una fría acogida ciudadana en las calles barcelonesas por las que discurrió el recorrido papal –con la participación de unas decenas de miles, hasta un cuarto de millón de personas, apenas sin incidentes aunque con alguna que otra manifestación de protesta-, y con la esperada calidez por parte de las más de 56.000 personas que asistieron al acto central de la visita pontificia: 6.500 en el interior del templo, 36.000 más en el exterior del mismo y otras 14.000 en la plaza de toros Monumental, todas ellas siguiendo el acontecimiento en grandes pantallas de televisión.

A pesar de la sorprendente y poco comprensible comparación que el propio Benedicto XVI realizó en su viaje hacia España sobre aquel agresivo anticlericalismo de los años 30 del siglo pasado con la situación actual de la sociedad española, esta nueva visita pontificia a nuestro país ha venido a demostrar que, más allá de la existencia de los incontables privilegios y tratos de favor que el Estado español sigue concediendo a la Iglesia católica, sólo desde la añoranza del nacionalcatolicismo más rancio y ultramontano se puede considerar que existe en la sociedad española actual algún problema de índole religiosa.

La breve estancia de Benedicto XVI en Barcelona se desarrolló, como era de esperar, sin problemas ni incidentes, con unas probablemente excesivas medidas de seguridad y con una respuesta ciudadana que quedó por debajo de lo esperado por sus promotores. Se desarrolló también en una atmósfera de mayor sintonía papal con el catolicismo catalán, con el uso indistinto del catalán, el castellano y el latín en toda la ceremonia religiosa, y con una destacada participación de todo tipo de autoridades civiles, estatales, autonómicas y locales, que escucharon una vez más las rancias requisitorias morales de un Papa que, él sí, parece anclado como mínimo en los años 30 del siglo pasado, cuando no mucho más atrás, en aquellos afortunadamente tan lejanos tiempos del medioevo.

-Jordi García-Soler-


Jordi García-Soler es periodista y analista político