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miércoles, 21 de marzo de 2012

Lo que hay que comer en primavera

Lujuria fresona. / AINHOA GOMÀ

Hay un montón de cosas en el mundo que me suben la tensión, el azúcar, la urea y en general las ansias de impartir justicia por mi cuenta: la gente que da de comer a las palomas, el debate político de La Noria, los falsos heterosexuales del anuncio de Loewe... Ahora bien, en mi furia siempre habrá un gran espacio para el olvido generalizado a las temporadas de los alimentos. Es decir, esa especie de estupidez colectiva que nos invade cuando compramos melones en enero, naranjas en julio y cerezas en noviembre aunque sean más caras, no sepan a nada y resulten insostenibles para el medio ambiente.

¿Cuál es la causa de este disparate? La ignorancia. La gran mayoría de la gente que conozco no tiene ni pajolera idea de las temporadas de frutas y verduras, ya que se han acostumbrado a que haya de todo en todo momento gracias a las descerebradas prácticas de distribuidores y supermercados. Como en el pasado yo fui el primer lerdo que no se enteraba de nada a este respecto, me he propuesto hacer una entrada en cada estación informando de lo que no te puedes perder. Esta es la lista de las estrellas de la primavera.

FRESAS

Las fresas -o mejor dicho, los fresones, porque las fresas se extinguieron en casi toda España hace años- cada vez llegan antes a las tiendas, y a este paso las vamos a acabar comiendo en Navidad. Pero cuando están realmente buenas es ahora. Busca ejemplares que no tengan la mitad de la carne blanca y que huelan a fresa, no a poliespán. Vigila también con el origen: cuanto más cercano, mejor. Recetas recomendadas: tarta de fresas sin horno, pastel de sobaos y fresas, fresas maceradas con crema de requesón.

HABAS

Sí, yo también detestaba las habas, con su tamaño descomunal y su horrenda piel grisácea dura como un cartílago. Hasta que descubrí que al principio de su temporada (febrero-marzo), si las compras en su vaina, son pequeñitas y tiernas. Y que cuando crecen, basta con pelarlas una vez cocidas para que se transformen en una delicadeza. Recetas recomendadas: Lubina con habas y menta, ensalada de aguacate, habas y quinua, arroz caldoso con pollo y habas.

 Ensalada de habas, quinoa y aguacate. / AINHOA GOMÀ

PATATA NUEVA

Marzo es el mes de la patata nueva, esa de piel dorada y fina que casi se puede quitar con un cepillo. Se conservan peor que las viejas, pero al vapor, asadas o guisadas brillan más que sus abuelas. Recetas recomendadas: ensalada de patatas, bacon y romero, tortilla de patatas y aceitunas negras,

ESPÁRRAGOS VERDES
¿Que en el súper hay espárragos verdes todo el año? Sí, pero no locales. Los que compras fuera de temporada vienen casi siempre de Perú, y su sabor -al menos de los que yo he probado- deja bastante que desear, por no hablar del petróleo consumido para traerlos hasta aquí. Mejor disfruta de esta maravillosa verdura en su época española, que empieza este mes. Recetas recomendadas: espárragos trigueros con jamón y huevo escalfado, caballa con espárragos, vieiras marinadas con espárragos.

CEBOLLAS Y AJOS TIERNOS
Las cebolletas y los ajos tiernos se pueden encontrar casi en cualquier época del año, pero su esplendor llega en marzo. La cebolla tierna es perfecta para consumirla cruda, pero si te sienta mal, siempre puedes picarla y dejarla media hora en agua con sal y vinagre para que pierda fuerza. El limón tiene un efecto similar. En cuanto a los ajos, para mí son casi milagrosos: dan un sabor más suave que los dientes y repiten mucho menos. Recetas recomendadas: pollo con ajos tiernos y moscatel, macarrones con salchichas y ajos tiernos, revuelto de patatas y cebolla tierna.

GUISANTES

Por increíble que parezca, las bolitas verdes que salen de esas bolsas congeladas que compramos en el súper existen en la naturaleza. Eso sí, envueltos en una vaina. En breve comienza su mejor época, cuando no hay más que desgranarlos y saltearlos ligeramente en una sartén con un poco de mantequilla, sal y pimienta para obtener una de las mayores maravillas gastronómicas del planeta. Recetas recomendadas: guisantes con almejas, albóndigas de chorizo con guisantes, menestra riojana.

Albóndigas de chorizo con guisantes. / AINHOA GOMÀ

NÍSPEROS

La temporada de esta fruta más mediterránea imposible empieza en abril. Los primeros suelen llegar un poco ácidos y logran el efecto Spontex de dejarte sin saliva. Pero si sabes esperar, los nísperos son deliciosos, ultrasanos y especialmente adecuados para los vagonetas por su facilidad de pelado. Recetas recomendadas: zumo de mango y nísperos, budin de nísperos.

CEREZAS

Las cerezas también son de primavera, aunque habrá que esperar un poco todavía para comerlas. Hasta mayo aproximadamente. Como casi todas las frutas muy marcadas por la temporalidad, te empiezan costando varios órganos de tu cuerpo, pero luego los precios se moderan a la vez que la calidad media sube. Recetas recomendadas: postre de cerezas, yogur y piñones, sablée bretón con ricota y cerezas.

ALBARICOQUES

El final de la primavera lo marcan los albaricoques, una fruta que a mí personalmente no me dice mucho fresca, no sé si por la pelusilla de la piel o por la dificultad de econtrarla buena. En cualquier caso, viene muy bien para preparar mermeladas, compotas y todo tipo de postres, y también como contrapunto dulce en platos salados de carne. Recetas recomendadas: albaricoques con crema de sésamo, tarta de albaricoque.

Por: Mikel López Iturriaga - blogs.elpais.com/el-comidista - 21 de marzo de 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

Comida que no deberías guardar en la nevera


El neverismo, esa enfermedad.


Una de las grandes obsesiones de nuestro tiempo es la de meter todos los alimentos en la nevera. Nos da igual que sea necesario o no, o que algunos de ellos degeneren en términos de sabor al someterlos al frío: por si las moscas, los mandamos todos a Siberia como si fuésemos Stalin en plena purga soviética.

No había caído en este fenómeno hasta que un avezado lector del blog, Vicent Pla, me advirtió de ello. Este buen hombre me envió un mail contándome la "guerra contra el todo a la nevera" que mantenía con su familia. "Víctimas del 'cuanto más, mejor', guardan hasta las aceitunas en el frigorífico. Y este fin de semana me enteré de que un amiga mete allí hasta el arroz. El arroz sin cocinar, en el paquete".

En ese momento vi claro que aquí había una tendencia. Había observado aberraciones similares en casas de familiares y amigos. E incluso en la mía: yo mismo me he abandonado muchas veces al vicio frigorífico por pura pereza mental. ¿Que no sé cómo conservar esto que he comprado? Pues a la nevera, que sirve para todo.

Lo cierto es que hay actos de neverismo que podrían considerarse criminales desde un punto de vista gastronómico. El ejemplo más claro es el del tomate. El frío daña las membranas interiores del fruto y convierte su pulpa en una pasta insípida y pastosa. Mejor tenerlos a temperatura ambiente, y en caso de haber cometido el error de meterlos en la nevera, dejarlos un día fuera antes de comerlos, que algo de sabor recuperan. Todo esto no lo digo yo, sino un sabio científico de la comida como Harold McGee.

Aunque no sufren tanto como el tomate, en general los frutos veraniegos (melocotones, melones, nectarinas, berenjenas, calabacines, pimientos) no llevan demasiado bien lo de vivir un súbito invierno en el refrigerador, y palman en sabor y textura a menos de 10 grados. Siempre que sean piezas enteras y en buen estado, yo intento tenerlos fuera de la nevera. Si se puede, lo mejor es comprar en cantidades no muy grandes para que no se pierdan, tratando de huir de la cultura de la megacompra mensual en el hipermercado. ¿Dónde nació ese modelo? En Estados Unidos. ¿Y cómo son allí las neveras? Monstruosamente grandes.

Otras frutas a la que no les gusta nada el frío son las de origen tropical. El aguacate, por ejemplo: la mejor forma para acabar comiéndote un pedrusco de color verde es metiéndolo en la nevera cuando aún está duro. Mejor dejarlo en un lugar oscuro y fresco. Ídem con la piña o el plátano: según McGee, las bajas temperaturas anulan las enzimas que les permiten madurar. Entonces otras enzimas comienzan a actuar con más fuerza: unas causan daños celulares (ergo textura pastosa) mientras que, en el caso de la banana, otras ennegrecen la piel.

Hay hortalizas que se pueden y se deben almacenar fuera de la nevera, como las patatas, las cebollas o los ajos. En la nevera, los almidones de la patata se convierten en azúcar por el frío, por lo que su sabor cambia. El truco es tenerlas siempre a oscuras: para ellas y para las cebollas y los ajos, yo uso unas bolsas opacas de tela que se cuelgan de la pared. Son baratas y de verdad que funcionan.

Un error muy frecuente es el de meter el pan o la bollería en la nevera. Al contrario de lo que parece, envejecen más rápido allí que en una panera sobre la encimera de la cocina. Si se quieren conservar más de un par de días, lo mejor es congelar en rebanadas o trozos pequeños e ir descongelando en el tostador o a temperatura ambiente. Los quesos secos tampoco hay por qué meterlos en la nevera si se consumen con cierta rapidez y se dispone de un lugar fresco en casa donde se puedan guardar envueltos en papel. De hecho, comerse un queso de este tipo recién salido del frío es un asesinato gastronómico similar al del tomate.

El chocolate es otra víctima habitual del neverismo. Salvo que contenga un relleno lácteo o haga mucho calor, no hay ninguna necesidad de meterlo en el frigorífico. Si pones allí unos bombones o una tableta de chocolate abierto, verás que le sale una especie de capa blanquecina: una muestra de que su textura y sabor han resultado alterados. Algo parecido le ocurre al café, para el que algunos expertos desaconsejan por completo el paso por la nevera. Y si quieres que el jamón ibérico en el que te has gastado un pastizal se transforme en el más vulgar de los serranos, no lo dudes: al frigo con él.

Meter cereales, legumbres, frutos secos, conservas (salvo las semiconservas de anchoas, que sí requieren frío), pasta, harina o azúcar en la nevera forma parte ya de otro capítulo: el del disparate. No hay ninguna necesidad de hacerlo, salvo que nos hayamos vuelto definitivamente locos como sospecho le ha ocurrido a la amiga de Vicente.

 Por: Mikel López Iturriaga (El comidista) EL PAÍS.com - 29 de febrero de 2012

sábado, 14 de enero de 2012


Jamie Oliver, en la hoguera dietética


De dios de lo sano a satán de la grasa: así se podría describir la evolución de Jamie Oliver y su imagen mediática en Estados Unidos. El cocinero británico más popular del planeta acaba de recibir un correctivo por parte de una asociación médica de aquel país, que ha premiado el libro Las comidas en 30 minutos de Jamie como uno de los cinco más perjudiciales para la salud de 2012.

El cuerpo del delito es un sándwich-bomba de albóndigas que, según el Physicians Commitee for Responsible Medicine (PCRM), contiene más del doble de colesterol, sodio y grasas saturadas que un Big Mac. Compuesto por ternera picada, panceta, queso y una tímida representación del reino vegetal en forma de col lombarda, ha sido bautizado por la prensa como "el bocata del ataque al corazón".

El hecho no tendría mayor relevancia si Oliver no se vendiera a sí mismo como un cruzado de la alimentación saludable. El telechef lleva un par de ediciones de Food revolution, un programa en el que trata de convencer a los estadounidenses de que abandonen los donuts y las lasañas congeladas en beneficio de los productos frescos. Una doctrina que no parece encajar demasiado con un bocadillo de carne de 1.182 calorías la unidad.

Aparte de las virtudes o defectos nutritivos de la receta, veo algo de revanchismo en la decisión del PCRM. O, mejor dicho, en la entusiasta difusión de su varapalo por parte de muchos medios estadounidenses. Es como si le dijeran: "Tú, un arrogante europeo, viniste a darnos lecciones de lo que debemos comer, y ahora resulta que también a ti te gusta ponerte hasta las trancas de grasaza animal. Te hemos pillado".

Como autor ocasional de recetas hipercalóricas, he de mostrar mi solidaridad con Jamie. No solo le admiro por su arte al meter el dedo en la cazuela cuando cocina, sino que reivindico su derecho a incluir algún que otro plato subidito de grasas en sus libros o programas de tele. Dudo que unas albóndigas puedan matar a nadie, siempre que no sea tan imbécil de comerlas con frecuencia o en cantidades industriales.

Pienso, además, que la ola anti-Oliver es otra muestra del fanatismo dietista de las últimas décadas, cuyo efecto rebote no ha hecho más que favorecer la epidemia de obesidad. Basta de infantilismo: los cocineros no son médicos ni trabajan para el Insalud. Que publiquen lo que quieran, y que los lectores tengan el suficiente sentido común para seguirles o no en función de sus circunstancias.


EL PAÍS.com - MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA 14/01/2012

miércoles, 17 de febrero de 2010

NINGUN ANTROXU SIN FRIXUELOS

FRIXUELOS DE ANTROXU
Así es como llamamos a este postre tan típico de estas fiestas carnavaleras en Asturias.Antroxu quiere decir carnaval en Bable.
Los frixuelos no dejan de ser unas creps dulces, pero es que como los frixuelos Asturianos te digo yo que no hay comparación.
¡Madre mia, madre mia!
¡Toma, toma! ¡Flipa, flipa! ¡Que movidon!
Y es que estaba yo tan tranquilamente con mis cosas y de repente se me ha venido un antojo de frixuelos que no veáis... y claro, me he dado cuenta de que estamos en carnavales... Ya decía yo!
A si que cuando este finde regrese mi churri de viaje nos vamos a marcar una tarde del frixuelo de las buenas.
Mis favoritos son los que van rellenos de nata montada y salseados con chocolate caliente¡
¡Es para morirse de lo riquísimos que están!!
Si alguien se anima a probarlos aquí dejo este vídeo de una chica muy maja que me he encontrado en YouTube.
Ya me contareis.
Y como diría Julia Child: ¡Boooon apétit!
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